La Dra. Isabel Amara explica qué es el hantavirus y cómo prevenir el contagio
El hantavirus es una enfermedad viral poco frecuente pero potencialmente grave, causada por una familia de virus conocida como Hantaviridae. Aunque su presencia es más habitual en determinadas zonas de América, Asia y Europa, recientemente ha vuelto a generar interés y preocupación tras la detección de nuevos casos asociados al denominado virus de los Andes, una variante que ha demostrado capacidad de transmisión entre personas en situaciones muy concretas.
La Dra. Isabel Amara, especialista en neumología del Hospital HLA San Carlos, explica que “el hantavirus no es un virus nuevo, sino una familia de virus ya conocida desde hace años. Dependiendo de la región geográfica, puede provocar afectaciones diferentes. En América suele relacionarse con afectación pulmonar y cardíaca, mientras que en Europa y Asia se asocia más frecuentemente a fiebre hemorrágica con afectación renal”.

Uno de los aspectos que más atención ha despertado en las últimas semanas es la posibilidad de transmisión entre personas. “El virus de los Andes es el primero de esta familia en el que se ha documentado transmisión de persona a persona. Aun así, este contagio sigue siendo raro y requiere un contacto estrecho y prolongado”, aclara la especialista. La principal vía de transmisión continúa siendo el contacto indirecto con roedores infectados, especialmente a través de la inhalación de partículas contaminadas procedentes de la orina, las heces o la saliva de estos animales.
La exposición suele producirse al limpiar espacios cerrados o mal ventilados donde pueden habitar roedores, como almacenes, graneros o construcciones rurales. “El contagio no tiene nada que ver con la facilidad de transmisión que vimos con el COVID-19. La exposición ambiental sigue siendo el principal factor de riesgo”, señala la neumóloga.
En cuanto a los síntomas, el hantavirus puede resultar difícil de identificar en sus fases iniciales, ya que se presenta con manifestaciones muy inespecíficas. Fiebre, dolor de cabeza, molestias musculares y articulares, dolor abdominal, náuseas o vómitos son algunos de los síntomas más frecuentes. “Inicialmente puede confundirse con una gripe o una infección respiratoria leve. Lo importante es valorar si existe antecedente de exposición a roedores o contacto estrecho con personas infectadas”, comenta la Dra. Amara.
En los casos más leves, la enfermedad puede cursar como un cuadro pseudogripal, acompañado de tos o sensación de falta de aire. Sin embargo, en situaciones más graves puede evolucionar hacia una insuficiencia respiratoria severa que requiera ingreso hospitalario e incluso cuidados intensivos. “Algunos pacientes necesitan soporte respiratorio avanzado o ventilación mecánica, aunque afortunadamente estos casos son menos frecuentes”, añade.
El diagnóstico definitivo se realiza mediante pruebas específicas, como la PCR, capaces de detectar el virus. Además, el contexto epidemiológico resulta clave para orientar el diagnóstico. “En nuestra situación actual, cualquier neumonía sigue considerándose inicialmente comunitaria hasta demostrar lo contrario. La clave está en conocer si ha existido exposición de riesgo”, explica la especialista.
Actualmente no existe un tratamiento antiviral específico ni una vacuna eficaz frente al hantavirus. El abordaje médico se basa en el control de los síntomas y el soporte clínico del paciente. “El tratamiento consiste en monitorizar estrechamente la evolución del paciente, controlar la oxigenación y actuar rápidamente si aparece insuficiencia respiratoria. Gracias a la experiencia adquirida en los últimos años con otras infecciones respiratorias, contamos con protocolos y recursos que permiten estabilizar estos cuadros”, destaca la neumóloga.
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar el contagio. Entre las principales recomendaciones se encuentran evitar el contacto con roedores, extremar las medidas de higiene y realizar limpiezas seguras en zonas potencialmente contaminadas. “No se recomienda barrer en seco ni aspirar espacios donde pueda haber restos de roedores, ya que esto favorece la dispersión de partículas contaminadas en el aire”, advierte la doctora.
Asimismo, la vigilancia epidemiológica y la identificación precoz de posibles casos permiten actuar rápidamente y reducir riesgos. “Es importante mantener la calma e informarse adecuadamente. Hemos aprendido mucho en los últimos años sobre prevención y control de enfermedades infecciosas. La población debe saber que existen mecanismos de vigilancia y profesionales preparados para atender cualquier situación”, concluye la Dra. Isabel Amara.
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