La hidratación, una alimentación adecuada y un estilo de vida saludable, claves para prevención de los cálculos renales
Las piedras en el riñón, conocidas médicamente como cálculos renales, constituyen una afección relativamente común del sistema urinario que se produce cuando determinadas sustancias presentes en la orina, como el calcio, el oxalato, el ácido úrico o la cistina se concentran en exceso y cristalizan, formando depósitos sólidos en los riñones. Estas formaciones pueden variar considerablemente en tamaño, desde las partículas microscópicas hasta estructuras de varios centímetros, y su impacto en la salud depende tanto de su tamaño como de su localización dentro del tracto urinario.
El Dr. Joan Garcia, especialista en urología del Hospital HLA San Carlos explica que, “uno de los aspectos más característicos de esta patología es la intensidad de sus síntomas. El dolor asociado, conocido como cólico renal, suele ser súbito, agudo y extremadamente intenso. Se localiza generalmente en la zona lumbar o en uno de los costados, y puede irradiarse hacia el abdomen inferior o la ingle. Este suele presentarse en oleadas coincidiendo con el movimiento de cálculo a través del uréter. Además, puede ir acompañado de otros síntomas como nauseas, vómitos, sudoración, necesidad frecuente de orinar, escozor al orinar e incluso presencia de sangre en la orina”.

El tratamiento de las piedras en el riñón depende de factores, entre ellos el tamaño, la composición y la ubicación del cálculo, así como el estado general del paciente. Cuando los cálculos son pequeños, inferior a 5 mm, el tratamiento es conservador y consiste en aumentar la ingesta de líquidos, especialmente agua, con el objetivo de diluir la orina y favorecer la expulsión natural del cálculo. “En estos casos se recomienda beber entre dos y tres litros diarios y es habitual el uso de analgésicos y medicamentos alfa-bloqueantes, ya que ayudan a calmar el dolor y relajar el uréter para facilitar el paso de la piedra”, comenta el especialista.
Cuando los cálculos son de mayor tamaño o provocan complicaciones, como infecciones urinarias o bloqueo del flujo de orina, es necesario recurrir a tratamiento más específicos. Una de las técnicas más empleados es la litotricia extracorpórea por ondas de choque, un procedimiento no invasivo que utiliza ondas sonoras para fragmentar el cálculo en partes más pequeñas que pueden ser eliminadas con mayor facilidad a través de la orina. En otros casos, se puede realizar una ureteroscpia, que consiste en introducir un instrumento delgado a través de la uretra y la vejiga hasta el uréter para localizar y extraer o fragmentar la piedra. Para cálculos de gran tamaño o de difícil acceso puede ser necesaria una nefro litotomía percutánea, una intervención quirúrgica mínimamente invasiva que permite extraer directamente el cálculo desde el riñón.
“Más allá del tratamiento, la prevención es un pilar fundamental para evitar la formación de nuevos cálculos renales. La medida más importante es mantener una adecuada hidratación diaria, que una orina más diluida reduce significativamente la probabilidad de cristalización de las sustancias. Además, es recomendable adoptar una dieta equilibrada, moderando el consumo de sal, proteínas animales y alimentos ricos en oxalatos, como las espinacas, el chocolate o los frutos secos. En función del tipo del cálculo, el médico puede recomendar ajustes dietéticos específicos, como reducir el consumo de alimentos ricos en purinas en caso de cálculos de ácido úrico”, explica el especialista.
Así mismo, llevar un estilo de vida saludable, que incluya actividad física regular y control del peso corporal, también contribuye a reducir la formación de cálculos. En algunos pacientes con antecedentes recurrentes, puede ser necesario un seguimiento médico mas estrecho, que incluya análisis de orina y estudios metabólicos para identificar factores de riesgo específicos y establecer un tratamiento preventivo personalizado.
“Las piedras en el riñón son una afección que, aunque pueda resultar muy dolorosa, cuenta con múltiples opciones de tratamiento eficaces. La clave para su manejo reside en un diagnóstico adecuado, un tratamiento adaptado a cada caso y, especialmente, en la adopción de medidas preventivas que reduzcan el riesgo de recurrencia y mejoren la calidad de vida del paciente”, concluye el Dr. Joan García.
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